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TALLER EL IMPERIO ROMANO

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Taller el imperio romano

EL IMPERIO ROMANO


La paz romana y el Imperio


La crisis de la republica romona dio paso al surgimiento de una nueva forma de organización: el Imperio. 


En este período se mantuvieron algunas características de la república, tales como la organización burocrática, formada por funcionarios que administraban los asuntos públicos, la cultura de la legalidad y la permanente anexión de nuevos territorios. 


Sin embargo, las decisiones políticas, religiosas y militares se concentraron en la figura del emperador, mientras que las magistraturas y el Senado fueron perdiendo relevancia. 


El comienzo de esta época estuvo marcado por una guerra civil, de la que salió vencedor Julio César, un general romano conocido por sus hazañas militares en las Galias.


Si bien Julio César preparó el camino para la formación del Imperio al declararse dictador vitalicio, mantuvo en apariencia el antiguo régimen republicano. 


A la muerte de Julio César, su hijo adoptivo Octavio, disputó el poder con Marco Antonio, un general romano y aliado de la reina de Egipto, Cleopatra


Finalmente, el año 31_a._C., Octavio los derrotó en la batalla de Accio y a partir del año 27_a._C. se instaló en el poder hasta su muerte el año 14_d._C. 


Recibió de parte del Senado el título honorífico de Augusto o el Venerable, y mantuvo la dirección de Roma con el título de princeps o primer ciudadano. Con ello comenzó una nueva etapa en la historia de Roma, el Imperio. 


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Su característica política principal fue que una sola persona concentró en sus manos el poder que antes era compartido por diferentes magistrados. 


Esa persona fue el im¬perator, quien estaba apoyado fuertemente por una milicia personal, la guardia pretoriana. 


Taller el imperio romano


Augusto comprendió que Roma y su extenso imperio no podían seguir siendo gobernados como en tiempos de la República. La monarquía romana no era una solución pues ese sistema era odioso para los romanos. 


Entonces, aplicó una fórmula que perduraría en el tiempo: mantuvo la apariencia republicana, es decir, dejó subsistir las antiguas instituciones, pero estas perdieron su poder porque él las controlaba o elegía a sus miembros. 


Muchas tareas pasaron a manos de la burocracia y de un nuevo Consejo que dependían de él. 


Desde Augusto también se impuso como costumbre que cada empe¬rador adoptara como hijo al hombre que quería fuera su sucesor. 


El Senado, encargado de nombrar a los emperadores, solía respetar esa decisión. En los dos primeros siglos se sucedieron cuatro dinastías imperiales. 


En el siglo II d.C., con los emperadores Trajano y Adriano, el Imperio alcanzó su máxima extensión y su mayor esplendor, respectivamente.


Los primeros dos siglos del imperio son considerados por los historiadores como el período de oro de la sociedad romana. 


Durante ese período, los intercambios comerciales se desarrollaron ampliamente, debido a que las conexiones marítimas se veían facilitadas por el control romano del mar Mediterráneo. 


Algunas áreas de Italia primero, y luego de Hispania y Galia, se especializaron en la elaboración de vino y de una salsa de pescado, llamada garum, muy apreciada por los romanos. 


También se difundió ampliamente la producción de aceite de oliva en el norte africano (este aceite se utilizaba como combustible en las lámparas que iluminaban las casas romanas).


 La industria de ánforas de cerámica, utilizadas como contenedores, se desarrolló junto con las demás producciones. 


El crecimiento de importantes áreas urbanas, como la misma ciudad de Roma, Cartago, Alejandría y Antioquía, creó espacios de consumo para todas esas mercancías. 


Sin embargo, el principal consumidor de esos productos fue el Estado, a través del ejército y la administración burocrática, que eran los sectores que recibían salarios en dinero.


Taller el imperio romano



Desde el punto de vista político fue una etapa de estabilidad. A pesar de ello, los emperadores romanos no lograron imponer un criterio uniforme para organizar las sucesiones. 


La primera dinastía, por ejemplo, fue de emperadores ligados a la familia de Augusto. Pero en el siglo II d.C. se impuso la costumbre de que el emperador eligiera en vida un sucesor, lo hiciera su hijo adoptivo y lo asociara poco a poco al poder. 


De esa manera, cuando el emperador fallecía, la sucesión resultaba menos traumática.


La organización del imperio y la romanización


Con las conquistas del emperador Marco Ulpio Trajano (98 a 117 d.C.) el Imperio romano alcanzó su máxima extensión y albergó a casi 50 millones de habitantes. 


Fue el último emperador dedicado a las guerras y la conquista de nuevas tierras, proceso que fue siempre acompañado de una romanización de las poblaciones, es decir, la imposición de los valores e instituciones romanas a los pueblos conquistados. 


La expansión romana respondía fundamentalmente a razones económicas, es decir, para acceder a más tierras, riquezas y esclavos. 


Sin embargo, es también importante considerar el elemento cultural, pues a medida que Roma se fue convirtiendo en una potencia, los romanos fueron asumiendo también una forma de pensar que justificaba su dominio sobre otros pueblos mediante la guerra y el ejercicio de su autoridad 


Taller el imperio romano

El Imperio Romano llegó a contar con una población de casi 100 millones de habitantes. Sus fronteras naturales eran, en el norte los ríos Rhin y Danubio, en el sur el desierto del Sahara, al oeste el océano Atlántico y al este el río Éufrates.


Muros defensivos y plazas fortificadas las resguardaban en sus sectores más vulnerables y unos 400.000 legionarios las guarnecían. Este extenso imperio no habría podido mantenerse en el tiempo solo por la fuerza de las armas.


 Se requería de una gran organización y los romanos fueron excelentes administradores. Desde tiempos de Augusto, el imperio se organizó estableciendo dos tipos de provincias:


  • Las provincias imperiales estaban bajo el mando de una autoridad designada por el emperador y en ellas había una mayor presencia militar, ya que eran las más expuestas a una invasión o donde existía amenaza de rebelión. 


  • Las Provincias senatoriales Dependían del Senado, el cual elegía por sorteo a un goberna¬dor que duraba 1 año en su cargo. El emperador podía interve¬nir en ellas si era necesario


En las provincias, las ciudades gozaban de bastante autonomía. Era habitual que eligieran a sus propios magistra¬dos, administraran justicia, mantuvieran el orden público y la ley, cobraran impuestos y dirigieran las finanzas locales.



Roma solo ejercía una especie de tutela y actuaba en forma más directa cuando había dificultades o era necesario mediar entre dos ciudades. 


Por otro lado, se aumentó la fiscalización tributaria que pasó a estar a cargo de funcionarios del Estado y no en manos de particulares como hasta entonces. 



La administración de las provincias imperiales garantizó a Augusto el control sobre las legiones, lo que unido a unas arcas fiscales llenas, le dieron gran poder sobre el Senado.


La dominación romana no fue bien acogida por todos los pueblos conquistados. Para comprender las dificultades y penurias que experimentaron algunos pueblos.


Los aspectos negativos de la conquista permiten también entender algunas rebeliones que se originaron al interior del imperio y que se harían más frecuentes en los siglos posteriores.


  A pesar de ello, es innegable que junto a la conquista militar y política hubo una dominación cultural mucho más duradera. 


La cultura romana se fue difundiendo lentamente en vastos territorios, proceso que se conoce como romanización. Sus principales instrumentos fueron los siguientes:


  • Los caminos otorgaban rapidez al ejército, consolidaban el comercio entre regiones distantes y eran una visible ostentación del poderío romano, al igual que los imponentes puentes y acueductos que subsisten hasta hoy.


  • Roma fue un imperio de ciudades, y centenares de ellas se fundaron a lo largo y ancho de sus dominios. Los foros, templos, anfiteatros, termas y circos las identificaban y, en este sentido, los romanos continuaron la tradición griega de privilegiar los espacios públicos como una demos-tración de pertenencia a una civilización superior. 


  • Los romanos impusieron una misma legislación en sus dominios. La lex (ley) romana llegaba a todo el imperio y fue también instrumento para la expansión de la lengua latina, que impregnó todos los dialectos de la región. La ley y el latín fueron un vín¬culo de unión entre los habitantes del imperio 


  • La arquitectura y el comercio impusieron un nuevo sistema de pesos y medi¬das; quien quisiera transar o construir debía recurrir a los romanos. El inter¬cambio comercial con la metrópoli se realizaba solo con monedas acuñadas por Roma y con la imagen del emperador.


Origen y expansión del cristianismo


En el siglo I d.C., la provincia romana de Judea fue el lugar de origen de una nueva religión, el Cristianismo, el cual constituye uno de los fundamentos de nuestra cultura occidental.  El Cristianismo hunde sus raíces en el Judaísmo. 


Taller el imperio romano


Los judíos adoraban a un dios único Yahvé y espera¬ban la llegada de un Mesías (salvador) que vendría a liberar a su pueblo. 


En tiempos de Augusto nació Jesús de Nazaret, quien a los 30 años inició su pré¬dica anunciando que él era el Mesías, que era hijo de Dios y que traía un Evangelio (Buena Noticia), un mensaje de amor y de salvación para toda la humani¬dad, sin distinción de pueblos ni condición social.


 Las autoridades religiosas judías no lo reconocieron como tal, lo consideraron una amenaza y fue condenado a morir en la cruz. 


Tras su muerte, sus más cercanos discípulos anunciaron que Jesús había resucitado y que, siguiendo sus enseñanzas de amor, los seres hu¬manos también podrían alcanzar la vida eterna.


En Jerusalén se reunió la primera comunidad de judíos que creían en el Mesías. Más tarde se formó otra comunidad en Antioquía, donde se incorporaron también gentiles. 


Allí surgió la denominación de cristianos para referirse a los creyen¬tes en Jesús, el Cristo.  El Cristianismo se separó del Judaísmo y se constituyó la Iglesia cristiana que se definió como católica, es decir, universal. 


Sus dos figuras principales fueron Pedro, apóstol de Jesús que fue el primer líder de la Iglesia y predicó el Cristianismo en Roma, y Pablo, quien viajó por las provincias orientales del imperio predicando entre los gentiles. 


 El libro sagrado del Cristianismo es la Biblia. Consta del Antiguo Testamento, que narra la historia del pueblo de Israel y su alianza con Jehová (Dios) y del Nuevo Testamento, que establece la alianza de Dios con toda la humanidad y presenta las enseñanzas de Jesús y la vida de las primeras comunidades cristianas


El Cristianismo se fue propagando por las ciudades del imperio, difusión que se vio favorecida por la facilidad de comunicaciones y la unidad lingüística del mundo romano. Sin embargo, los primeros tiempos fueron muy difíciles. 


Los romanos, tan tolerantes con otras religiones, vieron con recelo a los cristianos que postulaban la igualdad entre los seres humanos y se negaban a rendir culto religioso al emperador. 


En ciertos períodos, los cristianos sufrieron persecuciones que significaron la cárcel, el destierro y hasta la muerte si no aceptaban renunciar a su fe. Las persecuciones más violentas tuvieron lugar en el siglo III, pero el Cristianismo seguía expandiéndose. 


Un edicto del emperador Constantino, en el año 313, permitió a los cristianos practicar su religión libremente. Con ello aumentó aún más el número de fieles. 


En el año 380 el emperador Teodosio ordenó a todos los pueblos adherir al Cristianismo, que desde entonces sería la religión oficial del Imperio. La Iglesia Católica emergió con gran fuerza y fue adquiriendo posiciones de privilegio y de enorme influencia en la sociedad.



La crisis del siglo III y fin del imperio 


Taller el imperio romano

Desde fines del siglo II d.C se desencadenó una serie de procesos muy complejos que provocaron períodos de crisis y condujeron a la decaden¬cia y posterior fin del Imperio Romano en Occidente. Entre esos procesos se pueden mencionar: 

  • Las conquistas territoriales de los romanos llegaron a su fin y con ello la posibilidad de obtener nuevos recursos. A eso se sumó que algunos pueblos comenzaron a amenazar las fronte¬ras e incluso penetraron en territorio romano. 


  • La frontera norte fue traspasada en múltiples ocasiones por pueblos ger¬manos, en especial cuando eran presionados por el avance de los hunos. 


  • Se hacía necesario incurrir en grandes gastos para fortalecer las fronteras y el ejército y se recurrió al aumento de impuestos, lo que generó un creciente descontento. 


  • Por otra parte, algunas pestes afectaron a la población y hubo plagas en los campos. Esto provocó la disminución de la producción y el comercio, y la escasez de productos generó alza de precios, pobreza y hambre. Muchas ciudades entraron en decadencia


  • Era cada vez más difícil mantener la autoridad en un imperio tan extenso. Hubo períodos de anarquía en que incluso había dos o más generales proclamados emperadores por sus legiones. La tendencia fue que llegaran al poder generales de las provincias orientales.


Uno de ellos, Diocleciano (284 -305), fortale¬ ció la posición del emperador e intentó frenar la crisis del imperio. 


Para ello implementó una serie de reformas que permitieron que el imperio perdurara, si bien cada vez más alejado de las tradiciones romanas y más cercanas a las monarquías de tipo oriental. 


Bajo su gobierno se inició el Dominado, una época en que el emperador ya no era princeps (primer ciudadano) sino dominus (señor), con un poder similar al de los reyes orientales. Incluso usaba mantos con piedras preciosas y había que arrodillarse frente a él. 


Taller el imperio romano

El Imperio superó la crisis del siglo III gracias a las medidas tomadas por una serie de emperadores que habían sido hábiles comandantes militares.


 En el año 285, en el transcurso de una de las tantas guerras civiles de la época imperial en que estaba en disputa la corona, Diocleciano derrotó en el campo de batalla a su último rival y se convirtió en emperador.


 Diocleciano comprendió que el Imperio no podía ser gobernado por un solo hombre, dada las graves amenazas externas y desórdenes en el interior y, por consiguiente, lo dividió en dos mitades, cada una de las cuales sería gobernada por un emperador que llevaría el título de Augusto. 


Él mismo asumió como Augusto en la mitad oriental y entregó el gobierno de la parte occidental a su amigo Maximiano. 


En el año 324, Constantino derrotó a varios otros Augustos, convirtiéndose en el único emperador; su gobierno se extendió hasta el 337.


Además de las reformas administrativas, tanto Diocleciano como Constantino se preocuparon de estabilizar la economía imperial y reforzar la defensa de las fronteras. 


En el ámbito económico, las leyes que limitaron el movimiento de los campesinos (los obligaban a depender de un señor y les impedían trasladarse libremente de lugar) tuvo grandes repercusiones a largo plazo ya que dio inicio a la llamada servidumbre de la gleba (de la tierra) que perduraría durante toda la Edad Media. 


En esa misma época, en la mitad occidental del Imperio, la inseguridad en los caminos hizo disminuir drásticamente el comercio, por lo que la economía de los latifundios fue adquiriendo características de autosuficiencia (producían casi todo lo que necesitaban), mientras que la moneda dejaba de circular. 


Estas transformaciones sentaron las bases de lo que sería la economía en la época medieval. Para asegurar las fronteras, los emperadores fueron estableciendo pactos o alianzas (foedus) con algunas tribus germanas: se les autorizaba a ingresar al Imperio romano, pero debían asumir su defensa.


 Estas tribus pasaban a ser, de esta manera, federadas o aliadas. En forma paralela, líderes germanos fueron ascendiendo en la burocracia imperial a través de uniones matrimoniales con las familias aristocráticas o por sus servicios militares. 


Constantino trasladó la capital del Imperio romano a la ciudad griega de Bizancio, a la que bautizó como Constantinopla.


 En el año 395 el emperador Teodosio dividió el imperio en dos, dejando a uno de sus hijos la administración del lado occidental y al otro el gobierno del lado oriental. 


En esa época, las provincias de la mitad oriental eran mucho más urbanizadas y prósperas que las del Imperio de Occidente. 


Taller el imperio romano

En Occidente la situación era muy seria. La presencia de germanos en el imperio era cada vez mayor, sobre todo a partir del siglo IV. 


Algunos habían recibido tierras a cambio de apoyar al ejército imperial; otros entraron por la fuerza, se instalaron y negociaron su situación con los emperadores, que incluso aceptaron la existencia de reinos germanos aliados en territorio romano.


Al interior del imperio los germanos se movilizaban y en ocasiones atacaban o combatían entre sí.


El año 410, ante el estupor del mundo romano, la ciudad de Roma fue saqueada por los visigodos al mando de Alarico. 


Cuando en el año 476 otro jefe germano, Odoacro, depuso a Rómulo Augústulo, último emperador de Occidente, este sector del Imperio romano, en la práctica, ya era un mosaico de reinos germanos



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