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TALLER EL NACIONALISMO EN EUROPA

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Taller el nacionalismo europeo

EL AUGE DEL NACIONALISMO EN EUROPA

Sus orígenes los encontramos en el bajo medioevo, como reacción a las estructuras políticas de dominación feudales. 



Con la Revolución Francesa, en el siglo XVIII, se fortalece como movimiento que exalta la nación como entidad frente a la monarquía absoluta. 



El imperio napoleónico fomentó los nacionalismos; en Italia, criticó la presencia de los austríacos, creando un reino nacionalista en Nápoles que fue dirigido por Murat. 



Sin embargo, su expansionismo imperial fortaleció los movimientos nacionalistas en su contra, como el ruso, el español o el alemán dirigido por Prusia. 



A partir de 1815, con la Restauración, el nacionalismo se opuso a la ordenación territorial artificial; así, los belgas no se sintieron integrados con Holanda; Polonia se opuso siempre a su integración al Imperio Ruso, mientras que los checos y húngaros nunca desearon formar parte del Imperio Austríaco.


 

Taller el nacionalismo europeo

El nacionalismo europeo tuvo su auge con las unificaciones de Italia y Alemania, que se realizaron con una integración de territorios y pueblos, mientras que en el seno de los de los dominios austríacos y turcos se presentó con un carácter expansionista. 



El nacionalismo derivó en un movimiento conservador y agresivo en la segunda mitad del siglo XIX, supeditando la libertad y dignidad de los individuos a los intereses de diversos grupos sociales apoderados del poder. 



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Será la ideología que nutrirá al imperialismo y, junto a otros factores relacionados con prejuicios como el racismo y la xenofobia, provocará conflictos que desembocarán en la 1a. Guerra Mundial.



La unificación de Italia


El caso de Italia era muy complejo, debido a la ocupación austriaca en el noreste de la península itálica y la presencia de los Estados Pontificios, que obligaba a los nacionalistas a enfrentarse al poder temporal del Papa. 


El Estado que encauzó el sentimiento nacionalista fue el Piamonte, cuyo monarca, Víctor Manuel II, ostentaba el título de rey de Cerdeña. 


El protagonista de la unificación fue el primer ministro piamontés, Camilo Benso, Conde de Cavour, quien recogió los frutos de las ideas de Giuseppe Mazzini y de las hazañas de Giuseppe Garibaldi. El proceso de unificación tuvo varias etapas:


Taller el nacionalismo europeo

Guerra contra Austria (1859). Tras derrotar, con apoyo francés, a los austriacos en las batallas de Magenta y Solferino, el armisticio de Villafranca otorgó al Piamonte la región lombarda, pero tuvo que posponer sus pretensiones sobre Venecia.


Anexión al Piamonte luego de la insurrección nacionalista de los ducados de Parma, Módena, Toscana y de la Romaña papal se celebraron plebiscitos que sancionaron la anexión de estos territorios al Piamonte.


En 1860 un ejército de voluntarios (los “camisas rojas”) al mando de Garibaldi conquistó el Reino de las Dos Sicilias (Nápoles y Sicilia). Entre tanto, los piamonteses invadieron Umbría y las Marcas. Tras anexionarse todos estos territorios, Víctor Manuel se proclamó rey de Italia en 1861.


En 1866, el reino de Italia incorporó Venecia a su territorio, tras la derrota de Austria contra Prusia.


En 1870, aprovechando la Guerra Franco-prusiana, las tropas italianas entraron en Roma, mientras que el papa Pío IX, se proclamaba prisionero en el Vaticano.


Taller el nacionalismo europeo

En las décadas que siguieron a la reunificación, Italia tuvo que enfrentarse a varios problemas como el desequilibrio entre el Norte industrial y el Sur campesino, el conflicto con el Vaticano y la dificultad para colonizar territorios en África. 


El 14 de marzo de 1861, el Parlamento italiano proclamó en Turín rey de Italia a Víctor Manuel II, sin que se resolviera la incorporación del Véneto, que seguía en manos austriacas, y los Estados Pontificios. 


La cuestión del Véneto se resolverá en 1866, por la paz de Viena, en la cual Italia recuperaba el Véneto, mientras que los Estados Pontificios siguieron en posesión de Francia, que estableció una importante guarnición en Roma para proteger al Papa. 


En 1870, al estallar la guerra franco prusiana y producirse la derrota francesa en Sedán, los italianos ocuparon Roma, donde Víctor Manuel II estableció la capital del nuevo reino, concluyendo así el proceso de unificación italiana.

La unificación de Alemania


Desde las guerras napoleónicas se venía consolidando entre los alemanes un sentimiento de patriotismo y de pertenencia a una comunidad nacional más allá de su división en múltiples estados. 


Este sentimiento fue estimulado por intelectuales y artistas que promovían la unidad de la nación alemana. 


Además, quedaba claro que la fragmentación política y territorial les restaba  fuerzas en el escenario europeo. 


No era fácil olvidar la humillación por el paso destructivo del ejército napoleónico por territorio germano en su camino hacia Rusia. 


El Congreso de Viena había mantenido esta división al crear la Confederación Germánica que contaba con más de 30 estados, destacando como grandes potencias Austria y Prusia. Esta última lideraría la unificación de Alemania.


Un primer paso fue la creación del Zollverein (1835), iniciativa de Prusia que eliminaba las trabas que significaban las múltiples aduanas en territorio germano. 


Con ello se agilizó la actividad económica, aumentó la red de carreteras, las vías ferroviarias y la industria siderúrgica, todo lo cual incrementó el prestigio y poder de Prusia. Austria no participó del Zollverein y con ello perdió una opción de acrecentar su influencia. 


En 1848, en el contexto de los movimientos revolucionarios, se formó un Parlamento en Frankfurt que proclamó la unidad alemana y ofreció la Corona al rey de Prusia Federico Guillermo IV


Su rechazo y la posterior represión del movimiento pusieron fin a la posibilidad de una unificación por la vía parlamentaria y democrática. Prusia siguió consolidando su poder político, económico y militar.


Luego del fracaso de 1848, el nacionalismo alemán se dividió en dos:



Los partidarios de la Gran Alemania, agrupada en torno a Austria; potencia católica cuyo monarca había sido emperador del Sacro Imperio hasta 1806.

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Los que preferían una Pequeña Alemania dirigida por Prusia, la principal potencia protestante, y con la exclusión de Austria. El canciller prusiano, Otto Von Bismarck, logró la unificación a través de una serie de guerras:



La Guerra de los Ducados. Ocurrida en 1864, enfrentó a Austria y Prusia contra Dinamarca, por la posesión de los ducados de Schleswig y Holstein. Tras la derrota danesa, Schleswig quedó bajo control austriaco y Holstein bajo la tutela prusiana.


La Guerra Austro-prusiana. Sucedió en1866 y enfrentó a las antiguas aliadas. Tras una corta campaña, Prusia demostró su superioridad militar y consiguió la unificación del norte de Alemania.


La Guerra Franco-prusiana. Sucedida entre 1870 y 1871. Un incidente relacionado con la candidatura prusiana al trono español llevó a Francia a declarar la guerra a Prusia y al resto de los Estados alemanes. Luego de una serie de batallas, el emperador


En 1862 el rey Guillermo I nombró canciller a Otto von Bismarck, quien se convertiría en el artífice de la unificación. 


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Quería hacer de Alemania un Estado poderoso bajo la dirección de Prusia y sostenía que la forma de conseguirlo era “a hierro y sangre”, es decir, a través de las armas 


El siguiente paso de Bismarck fue firmar, en 1867, una alianza militar y acuerdos comerciales con los estados alemanes del sur, con la intención de preparar el terreno para la futura integración del II Reich (se consideraba que el primero había sido el medieval Sacro Imperio Romano Germánico; el tercero lo formaría Hitler). 


La tercera etapa en el proceso unificador alemán se presentó con motivo de la propuesta del jefe de gobierno provisional español, general Prim, en febrero de 1870, para nombrar como rey de España al príncipe de origen alemán Leopoldo de Hohenzollern, que fue rechazado por Napoleón III, con lo que estalló la Guerra Franco- Prusiana. 


La victoria prusiana de Sedán, la destrucción del ejército francés en Metz, la capitulación de París y la incorporación de los territorios franceses de Alsacia y Lorena al siguiente año, dieron fin al Imperio de Napoleón III y formalizaron el nacimiento del Imperio Alemán.


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